¿ES PENSABLE UNA “ÉTICA MUNDIAL”, ANTE EL CLAROSCURO DE LA GLOBALIZACIÓN?

El fenómeno de la globalización presenta una dimensión moral tan honda, que merecería ser tratado desde una Ética Económica amplia, rigurosa y sólidamente fundamentada. Porque, mezclados con las nuevas oportunidades que la globalización ofrece a las empresas y a los países (afluencia de capitales, creación de riqueza y de empleos), descubrimos también serios peligros (las debilidades, las amenazas ocultas en el sistema). Estas amenazas se tornan visibles por sus frutos (nueva división del trabajo, desigualdad creciente, al menos por el momento, entre países pobres y ricos) y al hilo de algunos de los impactos y consecuencias negativas que acompañan al proceso, crisis y desajustes, tal vez inevitables, pero que se saldan con elevados costes sociales a corto plazo, injusta y desigualmente repartidos.

Dicho en plata: que, como no podía ser de otra forma, no todo son luces en este nuevo escenario. Hay también, como contraste, bastantes oscuridades que no procede silenciar. A menos que estemos dispuestos a echar por la borda un objetivo que para muchos de nosotros constituye meta irrenunciable de toda política económica bien concebida. Dicha meta que ha de ser vista como complementaria de aquella otra primera, más obvia e inmediata, cual es la de la búsqueda del crecimiento económico, tiene un hondo calado ético y cristiano; a saber: la justicia social y la búsqueda de la equidad en el reparto, no sólo de los beneficios obtenidos, sino también de las contribuciones y los esfuerzos a realizar.



Al margen de estas importantes consideraciones, otras circunstancias hacen necesaria la presencia de la Ética en el nuevo panorama. Enunciémoslas:

Ø  En primer lugar, la conciencia de una interdependencia creciente entre todos los países. Como sabemos, lo que ocurre en una parte del mundo tarda escasos minutos en repercutir a miles de kilómetros.
Ø  En segundo lugar, un desasosegante aumento de la incertidumbre, derivado de la rapidez y la velocidad con que se producen los cambios.


En tal razón, si no están firmes al menos algunos principios básicos -y muy particularmente, algunos principios éticos-, corremos el peligro de ser engullidos por el vértigo de este torbellino socioeconómico y cultural.


Ø  En tercer término, el reconocimiento de que compartimos cada vez mayor número de problemas; o, más propiamente dicho: que un número creciente de problemas muy serios nos afectan a todos, y que no tendrán solución a menos que los ataquemos desde planteamientos globales.


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